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LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VIDA ETERNA

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VIDA ETERNA

LA RESURRECIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VIDA ETERNA (PELÍCULA)

 

Fascinados por el True Crime

LA RESURECCION DE LOS MUERTOS Y LA VIDA ETERNA


jOSÉ lUÍS mUÑOZ

Remakes o segundas versiones. En un mundo sin ideas, sobre todo el del cine, se hacen muchas versiones de anteriores películas y, muchas veces, sin venir a cuento, sin aportar nada absolutamente a la anterior. Pero hay excepciones, incluso podemos hablar de remakes que han superado a los originales, que eso sí es noticiable.

De la novela de James Cain El cartero siempre llama dos veces se han hecho nada menos que cuatro versiones. La primera data de 1939 y es francesa: Le dernier tournant. La segunda es de 1943 y es italiana: Ossessione de Luchino Visconti. La tercera, por fin, norteamericana y dirigida por Tay Garnett en 1946, tenía el aliciente de contar con una rubia peligrosa y pérfida en la pantalla y fuera de ella: Lana Turner. La última data de 1988 y la dirigió Bob Rafelson y fue todo un éxito de público sobre todo por la tórrida escena entre Jack Nicholson y Jessica Lange sobre una mesa enharinada. Me perdonarán si les digo que la cuarta fue, para mí, la mejor versión de la novela de Cain, uno de mis escritores negros de cabecera.

Hace muy poco, gracias a esa plataforma cinematográfica que siempre elogio, Filmin, he podido ver la segunda versión de El extranjero de Albert Camus, perpetrada por un François Ozon inspirado (que no siempre lo está y es un director muy, pero que muy irregular) y les diré que incluso me pareció superior a la anterior versión de Luchino Visconti interpretada por Marcello Mastroianni de la que apenas me acuerdo.

De Ripley, el singular delincuente frío como el témpano y tan listo como gélido, las dos versiones que vi las disfruté por igual. La francesa de Rene Clement, titulada A pleno sol, contaba con un elenco de tres bellos actores por los que suspiraban los espectadores: Alain Delon, el malvado Ripley, la seductora Marie Laforêt y la ambigüedad sexual de Maurice Ronet. La película era sencillamente soberbia, pero tanto como la posterior versión de Anthony Minghella, El talento de míster Ripley, aunque su reparto con Matt Damon, Jude Law y Gweney Paltrow no fuera tan carismático. Y la serie en blanco y negro que se hizo sobre ese personaje clave de Patricia Higsmith, otro de mis iconos literarios, protagonizada por Andrew Scott, era tan buena como los dos largometrajes anteriores.

Hace unos días vi Cegados por el sol, del italiano Luca Guardino, nueva versión de La piscina, mítico film francés de Jacques Deray que sirvió, entre otras cosas, para que Alain Delon y Romy Schneider, se enamoraran locamente, y no era para menos. La versión del italiano, con un Ralph Fiennes apoteósico y pasado de rosca, se enfrentaba a Mathias Schoenaerts, que hacía el papel del homicida, y a una Tilda Swinton extraordinariamente sensual, a pesar de su físico de modelo prerrafaelista, que hacía el papel de Romy Schneider del original francés. La ninfa seductora de ese cuarteto sexual que se concita alrededor de la fatídica piscina es la jovencísima Dakota Johnson antes de ser Sombra de Grey. Me gustó tanto la película de Guardino, que volví a ver el original de Jacques Deray casi a continuación. Y las dos versiones eran espléndidas, aunque diferentes en algunos aspectos, sobre todo el momento del ahogamiento, más despiadado en la primera versión. Me sobrecogió ver en La piscina, película mítica en la que Romy Schneider se sacudió su personaje edulcorado de Sissi que la encasillaba y se mostraba desnuda en todo su esplendor físico, que no era menor que el de Alain Delon, puede que el actor más guapo que ha dado el Séptimo Arte, que todos sus intérpretes, modelos de belleza clásica, habían muerto: Alain Delon, que volvía a ahogar a Maurice Ronet, esta vez no en alta mar sino en una simple piscina de una casa de vacaciones; el protagonista de la extraordinaria Ascensor para el cadalso; Romy Schneider, cuya breve vida fue un cúmulo de desgracias que no pudo superar; y la maravillosa Jane Birkin, la cantante orgásmica del Je t’aime, mois non plus, que nos ha dejado hace tan poco tiempo como el propio Delon.

Qué mágico es el cine en donde sí resucitan los muertos y existe la vida eterna.

 

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